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Ciudad de México

El gobierno de Etiopía lleva a la ONU su acusación de «invasión total» y retoma Adigrat

El ejército etíope volvió a controlar Adigrat tras la salida de las tropas eritreas que testigos vieron el 7 de octubre a 25 km de la frontera. Addis Abeba ya había presentado su queja ante la ONU; el riesgo es un choque junto al mar Rojo.

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Redacción Infox · 6 min de lectura
Etiopía lleva a la ONU su acusación de una «invasión total» de Eritrea mientras su ejército retoma Adigrat

El sábado 10 de octubre, el ejército de Etiopía volvió a tomar el control de Adigrat, una ciudad de Tigray en la que testigos habían visto a soldados eritreos tres días atrás. Los militares eritreos se habían retirado, según el portal de actualidad de Wikipedia, que cita a Al Jazeera y al Oman Observer. El gobierno de Abiy Ahmed ya había acusado formalmente a Eritrea ante la ONU dos días antes.

El 9 de octubre, Reuters publicó una carta del canciller Gedion Timothewos. En ella afirmó que una «invasión total» de fuerzas eritreas no dejó a Etiopía más camino que defenderse, de acuerdo con el resumen diario de Just Security. Era la primera vez que el gobierno se pronunciaba oficialmente sobre las incursiones de tropas de Asmara.

La pérdida de nuestro acceso al mar no fue voluntaria. Nos fue impuesta mediante presión externa

La carta cambia la naturaleza del conflicto, que ya no se reduce a una guerra interna contra la insurgencia de Tigray: ahora enfrenta a Etiopía con un Estado ribereño del mar Rojo. Por esa vía marítima, los hutíes de Yemen atacan embarcaciones desde 2023.

Lo que presenciaron en Adigrat

Reuters recogió el testimonio de al menos dos personas que el miércoles 7 de octubre vieron «decenas» de soldados eritreos en Adigrat, a unos 25 km al sur de la frontera, a bordo de dos camiones. Los reconocieron por el uniforme de camuflaje blanquecino, según la nota de Al Jazeera. La agencia no pudo comprobar esos relatos de manera independiente.

«El ejército eritreo ha entrado en Tigray uniformado y con armamento pesado», declaró Gebreigziabher Beyene, quien comanda la Fuerza de Paz de Tigray, una milicia que respalda al gobierno federal.

Asmara no negó el despliegue. En un mensaje en X, Yemane Meskel, ministro de Información eritreo, acusó a Etiopía de armar «una narrativa falaz de "autodefensa" para racionalizar y camuflar su guerra de agresión», según Al Jazeera.

El reinicio de la guerra el 23 de septiembre

El 23 de septiembre se reanudaron los combates entre el ejército federal y siete grupos opositores al primer ministro, aliados entre sí. Uno de ellos es el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF), informó Al Jazeera. AFP indica que el TPLF atacó en dirección a Afar y Amhara, y que el gobierno respondió con una contraofensiva por tres ejes que apuntaba a Mekelle, la capital tigriña.

Según AFP, en una nota difundida por France 24, el 2 de octubre las fuerzas progubernamentales ya habían recuperado, de acuerdo con el observatorio ACLED, las localidades afares de Abala, Erebti y Megale. Por su parte, la Fuerza de Paz de Tigray aseguraba dominar el aeropuerto de Mekelle. La agencia dio cuenta también de una explosión en el Ministerio de Defensa de Addis Abeba, atribuida con mayor probabilidad a drones. Habría sido la primera vez que la guerra llegaba a la capital.

En la noche del sábado 3 de octubre, el TPLF comunicó que abandonaba «temporalmente» Mekelle para «operar desde otro lugar». Las tropas federales entraron a la ciudad. Un dron mató el domingo 4 a ocho civiles, uno de ellos un niño, en un campamento de desplazados de Sheraro, según AFP.

Aún se discute cuántas muertes causó la guerra de 2020 a 2022. Olusegun Obasanjo, mediador de la Unión Africana, mencionó unos 600,000 fallecidos; investigadores de la Universidad de Gante estimaron entre 162,000 y 378,000, de acuerdo con la compilación de cifras de Wikipedia. Hubo además más de 2.7 millones de desplazados. Entonces, las tropas eritreas pelearon junto a Addis Abeba y recibieron acusaciones de atrocidades, entre ellas la masacre de Axum. El cese de hostilidades firmado el 2 de noviembre de 2022 en Pretoria no incluyó a Eritrea, cuyas fuerzas permanecieron en zonas de Tigray durante 2023.

De aliados en 2018 a adversarios en 2026

La relación entre Abiy y Isaias Afwerki, presidente de Eritrea, cambió por completo en ocho años. En julio de 2018, en una cumbre celebrada en Asmara, ambos se comprometieron a reanudar los lazos diplomáticos y abrir las fronteras, dos décadas después de la guerra de 1998-2000, que dejó entre 70,000 y 80,000 muertos. Afwerki se sintió traicionado al quedar excluido de Pretoria y comenzó a armar a rebeldes amhara, según el historial de la relación bilateral que recoge Wikipedia. Eritrea prohibió en febrero de 2025 los vuelos de Ethiopian Airlines y movilizó tropas.

Eritrea rompió relaciones diplomáticas el 1 de octubre, después de que Etiopía anunciara que cerraba su embajada en Asmara y que expulsaba a diez diplomáticos eritreos. Addis Abeba señala a Eritrea, Sudán y Egipto como respaldo de la oposición armada, algo que El Cairo y Jartum niegan. También echó, sin explicar la causa, a un diplomático egipcio, ante lo cual El Cairo tomó una medida igual.

El acceso al mar

El centro de la disputa es la salida al mar, que Etiopía perdió cuando Eritrea se independizó en 1993. Abiy, al comenzar un nuevo mandato de cinco años, insistió en que el país «debe tener acceso al mar Rojo». Ante el Parlamento dijo: «La pérdida de nuestro acceso al mar no fue voluntaria. Nos fue impuesta mediante presión externa». Precisó que ese objetivo se perseguirá por medios «pacíficos», según AFP. Eritrea teme que Abiy planee invadir su territorio y quedarse con el puerto de Assab.

Del otro lado, Debretsion Gebremichael, líder del TPLF, dijo en un video del 1 de octubre que «la guerra es regional y es una guerra por controlar el mar Rojo». El analista Edward Bach, de la consultora Verisk Maplecroft, sostuvo que el avance etíope hacia el norte y los ataques con drones en el norte de Tigray «sugieren que las fuerzas etíopes están preparando las condiciones para un conflicto con Eritrea».

El domingo 4 de octubre se reunieron en El Alamein, en la costa egipcia, los líderes de Eritrea, Egipto, Somalia y Sudán. Su declaración conjunta pidió una salida política y pacífica a la guerra en Etiopía. Un día antes, el Departamento de Estado de Estados Unidos había alertado de que las tensiones «tienen el potencial de afectar a toda la región» y había exhortado a ambas naciones a la «máxima contención». Washington levantó en septiembre las sanciones al partido gobernante y a las fuerzas armadas de Eritrea, en un contexto de deterioro de la seguridad en el mar Rojo y en Yemen, donde los hutíes, con respaldo de Irán, habían ganado terreno costero.

La ruta marítima en crisis

Si Etiopía y Eritrea chocaran, se abriría un segundo frente en una ruta marítima ya en crisis. Desde el 19 de octubre de 2023, los hutíes han dañado como mínimo 30 barcos y hundido cuatro cargueros, según el registro del conflicto. En 2026 llevaron sus ataques a Arabia Saudita. France 24 reportó que el sábado 10 de octubre un ataque contra el aeropuerto King Khalid de Riad dejó 13 muertos y más de 300 heridos.

Qué sigue

La salida eritrea de Adigrat no anula la acusación formal que Etiopía presentó ante la ONU. Tampoco se sabe desde dónde opera la dirigencia del TPLF, que al dejar Mekelle solo informó que actuaría «desde otro lugar».

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